viernes, 22 de marzo de 2019


Inicio, desarrollo y cierre de procesos terapéuticos (tercera parte)

Consorcio Relacional y Socioconstruccionista del Ecuador (IRYSE)

Diego Tapia Figueroa Ph.D. y
 Maritza Crespo Balderrama MSc. (marzo, 2019)

Este es el motivo por el cual valoro esta breve frase: “No sé”. Es breve, pero vuela sobre poderosas alas.”   (Wislawa Szymborska)

En esta tercera, y última parte, queremos incluir breves ejemplos sobre la pregunta desde la tentatividad y el diálogo sostenido en el “no saber”; en un proceso democratizador, sin el poder jerárquico de expertos dueños de verdades y esencias.

Partamos diciendo que la tentatividad implica no sostener la sesión terapéutica en la certeza, detentada por los terapeutas (nosotros, además, trabajamos en coterapia) y el conocimiento teórico de cómo hacer. Ser tentativos es, fundamentalmente, darle respeto, valor, importancia y credibilidad a la palabra, vivencia y experiencia de quien viene a nuestra consulta, como único conocedor o conocedora de sus “verdades y realidades”. 

En ese contexto, toda pregunta, toda palabra, toda opinión que hacemos es, justamente eso, solamente una opinión que busca, entre otras cosas, promover y legitimar la opinión, la palabra y la pregunta del otro, sobre su propia vida y su contexto.

Terapeuta MCB: Me pregunto si a partir de lo que acabas de contar, ¿parecería que estás buscando algo, es eso lo que quieres expresar?

María: No sé si estoy buscando algo, lo que quisiera es que pudiéramos encontrar el espacio para hablar de lo importante para nosotros como pareja.

Terapeuta MCB: No sé si comprendo, me lo puedes explicar: ¿Qué significa esto que dices María, qué es lo importante?

María: Solo hablamos de lo que es urgente en cuanto a la familia.  De nuestras cosas no.  Solo aquí él dice algo y cuando yo he querido hablar no parece que me entiende.

Terapeuta MCB: Juan ¿Qué estabas pensando, qué diálogos internos tenías, mientras escuchabas a María?

Juan: Sí tiene razón, no tenemos tiempo, los dos llegamos cansados a estar con los hijos, pero si quiere hablar podría decirme ella algo.

Terapeuta DTF: ¿Podría, Juan, tal vez, decirnos: si usted también está en un proceso de búsqueda, y si fuese así que es lo importante para usted buscar y cómo se conectaría con la relación de ustedes?

Ver, cada ocasión, cada terapia con cada consultante, como oportunidad para poner en juego preguntas hechas desde esta posición de tentatividad y “no saber”, promueve, con entusiasmo, una manera de conversar abierta a buscar otras perspectivas para comprender las acciones que los consultantes desarrollan en sus contextos de pareja y familiares. Esta postura de no saber, requiere que se suspendan los discursos profesionales y personales dominantes para poder abandonar estereotipos prematuros. Hemos elegido confiar en el proceso en lugar de pretender controlarlo, optando por el conversar desde la curiosidad, con una sensibilidad relacional, conectándonos para poder acompañarlos en un viaje que nos lleva a horizontes impensados, nuevos.  Y es un viaje en el que hemos estado siempre en movimiento, nunca hemos llegado a un final. También por esto ha sido un viaje transformador.

La humildad conceptual, que reconoce y acepta no únicamente el “no saber” propio, la profunda ignorancia que nos acompaña, e incluyen la validación y la valoración positiva de las preguntas de los otros, sus dudas y sus alternativas, lleva a la humildad práctica para acompañar estos diálogos sobre recursos propios (la humildad se nutre de curiosidad genuina).

Terapeuta DTF: María, si usted describiese el tipo de relación que le gustaría vivir con Juan ¿Cómo sería; en que se diferenciaría de la que tienen ahora?

María: Una relación en la que pudiéramos recuperar el encuentro que teníamos juntos antes de que todo pasara.  Cuando podíamos hablar y yo sentía que me escuchaba y que eso le importaba.

Terapeuta MCB: Puede parecer raro que pregunte esto, sin embargo me da curiosidad para comprender: ¿Qué hacías distinto cuando pasaba esto que cuentas?, ¿cómo eras tú entonces?

Veamos un breve intercambio con Juan:

Terapeuta DTF: Juan, escuchándolo, me viene a la mente, que da la impresión que usted siente que no se valora lo que hace o sus intenciones: ¿es así?, ¿qué es lo que usted esperaría, qué le gustaría escuchar de María o que haga ella?

Juan: Exactamente. No me siento valorado, siempre hay un pero, nunca es suficiente, todo son quejas y reclamos.  Quisiera que ella pudiera reconocer algo de lo que hago de positivo.  Y, también que disfrute y deje disfrutar de lo bueno que tenemos.

Terapeuta MCB: Juan, ¿Es así? Debe ser difícil entonces, para ti, poder conversar con tu pareja. Si pudieras ubicar tres cosas que quisieras que escuche María, sobre ti, ¿Cuáles serían?

El construccionismo social, es una postura que contextualiza la forma de practicar la terapia, de interrelacionarse en los diferentes contextos sociales. Se podría tomar el riesgo de decir que casi todos los modelos de psicoterapia son un recurso válido para el terapeuta socioconstruccionista, a condición que se los conciba como un conjunto de metáforas y orientaciones tentativas, limitadas histórica y culturalmente, y no como una ciencia acabada que impone conceptos y una sola forma "correcta" de intervención. Una perspectiva construccionista social para la práctica de la terapia, significa una postura en la cual la realidad, en cualquiera de los sentidos complejos que le dan los seres humanos, nunca se encuentra ahí afuera de un modo inmutable, independiente de nuestras formas de conocerla.



Dora Fried Schnitman sostiene:


Para el terapeuta la pregunta es cómo construir alternativas en situaciones aparentemente cerradas (cómo promover soluciones creativas que construyen nuevas realidades). Y: El desafío es la creación de lo que no existe aún, más allá de las posibilidades disponibles, a través de la generación de un diálogo -interno y externo- transformador.


(Ver “Diplomado en perspectiva y práctica profesional generativa”- http://www.fundacioninterfas.org/capacitacion/?p=3295):

Lo hacemos con los Diálogos Apreciativos que son la búsqueda cocreativa del potencial, de lo mejor de las personas, los equipos, las organizaciones y los sistemas en los que se encuentran. Es una conversación reflexiva. A través de preguntas significativas, se narra las experiencias exitosas del pasado; se relatan las historias positivas del presente; se cuentan las posibilidades que se desean construir conjuntamente para el futuro. El proceso necesita participación, democracia, buen humor, flexibilidad (y están presentes los sueños de cada uno), valorando lo que sí funciona, e imaginando lo que podría ser. Preguntándonos: ¿Qué aportamos de distinto en este contexto local? En este proceso relacional: “promovamos creatividad, participación, reconocimiento, aprendizaje, reflexión e innovación”. Una manera de vivir juntos en el mundo, conscientes de que no podemos ser sino a través del diálogo.

Hay la necesidad de una dimensión ética y política responsable: asumir una postura crítica con respecto al statu quo existente; a las construcciones culturales opresivas; a una sociedad que busca homologar y silenciar las diferencias, una sociedad cruel e injusta. No podemos encubrir el hecho que en el mundo “psi”, cada vez hay más y más comerciantes cínicos y explotadores abusivos y carentes de ética, cuyo único interés es sacar dinero de sus consultantes, manipularlos, crear dependencia, enseñarles a vivir siguiendo su recetario de lugares comunes estandarizados.. La terapia no está para hacer “el trabajo sucio” del Estado y las instituciones (la familia, la iglesia, la educación, la policía) y darles coartadas ideológicas; no está para imponer el conformismo social y justificar a quienes mantienen un poder jerárquico abusivo; ni para anestesiar y tener como zombies a los “problemáticos”; ni para impedir poner palabras al dolor; ni para censurar el deseo de libertad; ni para contribuir al control social, ni a domesticar o “normalizar” o mantener en una posición de subalternidad a los distintos, a los inteligentes y los rebeldes.

Es claro: sin pensamiento crítico, sin justicia social, sin que se genere equidad y dignidad, sin transformaciones sociales para la construcción del bienestar común, es más de lo mismo. Podría ser útil que como terapeutas nos preguntemos y respondamos con honestidad: ¿A qué es lo que más miedo le tenemos? ¿Cuáles son los recursos y fortalezas que reconocemos en nosotros? ¿Tenemos vida propia y satisfactoria fuera del trabajo?

Según Harlene Anderson (2017), en esta terapia es importante asumir una postura orientada a la acción:

  • Trata cada relación como si fuera única
  • Asume la responsabilidad de invitar relaciones colaborativas (contexto) y conversaciones dialógicas (proceso)
  • Esto le permite al consultante ser el centro de atención
  • Ofrece preguntas, opiniones, percepciones y sugerencias como una forma de participar en la conversación y de manera tentativa
  • Evita asumir o entender demasiado rápido, mantén la postura de un aprendiz curioso
  • Mantén una conversación dialógica contigo mismo como un primer paso hacia el diálogo
  • Mantén la indagación dentro de los parámetros de la agenda del consultante
  • Ofrece simultáneamente ideas múltiples y contradictorias
  • Utiliza un lenguaje coherente
  • Piensa, escucha y habla de manera responsiva, asertiva 

Fragmento de una sesión de cierre del proceso de terapia:

Terapeuta MCB: ¿Pueden pensar un momento de aprendizaje, una reflexión distinta, que se van a llevar de este proceso que ahora concluimos?

María: Cuando me di cuenta de que soy corresponsable de lo que sucede en mi relación con Juan. Me llevo la pregunta que nos hicieron: ¿Qué podríamos hacer de distinto, cada uno, para construir la relación de pareja que nos gustaría tener?

Juan: El darme cuenta, reflexionando entre los cuatro, de los mandatos culturales que tenemos. Aprender a diferenciar lo que nos oprime culturalmente y nos roba la vida que queremos.

Terapeuta MCB: ¿Para qué te está siendo útil esta conversación que estamos haciendo?
Juan: Para confirmar lo que hemos logrado con María, para mantenerlo.

María: Me ayuda a recuperar la confianza y la esperanza en la pareja y la familia que hacemos con Juan.

Otras cuatro posibilidades de cierre con estas preguntas abiertas: 

Terapeuta DTF: 1. Me preguntaba: ¿Si nos volviésemos a encontrar en tres años: qué sería distinto en su relación, cómo se imaginan que será la relación entre ustedes? 2. ¿No sé si les gustaría escuchar nuestra opinión personal de cómo los vemos a cada uno, nuestra percepción sobre las fortalezas de cada uno de ustedes y de su relación y sus contextos relacionales? (Lo que les decimos, resalta sus fortalezas y recursos; les decimos nuestros aprendizajes de sus experiencias y reflexiones)

Terapeuta MCB: 3. ¿Qué no sirvió, que no ayudó de este proceso? ¿Qué les habría gustado profundizar o desarrollar más? ¿Qué les ha aportado el diálogo con nosotros, qué les ha sido útil, qué les ha servido de este proceso? 4. ¿Si llegasen otras personas con asuntos parecidos a los que ustedes han traído y enfrentado aquí: qué nos sugerirían decir y hacer, qué piensan les podrían servir y ser útil a esas personas?

Sheila McNamee (2018) sostiene: 

Es producir algo en la relación que tenga sentido para todos los involucrados…La ansiedad de hacer “lo correcto”, impide que estemos radicalmente presentes en la relación y darnos cuenta de lo que realmente pasa, porque estamos demasiado preocupados en hacerlo “bien”…Construir, como terapeutas, una relación que sea significativa para el consultante y que le aporte para encontrar y construir otras relaciones significativas…Deberíamos ser capaces de actuar de la misma manera en la responsabilidad profesional que en nuestra vida completa; ser capaces de comprometernos y de invertir tiempo en las relaciones…Dejar de pensar en aquello que no se puede hacer y comenzar a pensar en lo que sí se puede hacer…No engancharse en lo que no se puede, sino mirar las posibilidades y cómo crear posibilidades…Estar radicalmente presentes con nosotros para reconocer nuestros límites y estar radicalmente presentes para reconocer las posibilidades de crear espacios dialógicos donde sea posible.
Al cerrar y decir adiós, nos damos (surge espontáneo) un abrazo de despedida con los consultantes. Hay que decir, que cuando cerramos un proceso de terapia, podemos ir ese día (solo los dos coterapeutas), de ser posible, a tomar un helado, una cerveza o un café; y, por supuesto, hablamos de otros temas.


Nota: Esta serie de tres artículos, gracias a su interés, tendrá un epílogo en quince días.

viernes, 8 de marzo de 2019


Inicio, desarrollo y cierre de procesos terapéuticos (segunda parte)

Consorcio Relacional y Socioconstruccionista del Ecuador (IRYSE)

Diego Tapia Figueroa Ph.D. y
 Maritza Crespo Balderrama MSc.(marzo, 2019)

Todo lo que hago, lo hago con alegría.” Michel de Montaigne

Al concluir la primera sesión de un proceso terapéutico, también podemos preguntar de manera tentativa (transcribimos literalmente fragmentos de una terapia de pareja, de este mes de enero):

Terapeuta (MCB): Me preguntaba: si este proceso que ahora comienzas, llegase a su fin, en el tiempo que tú lo consideres necesario y si tuviese éxito: ¿en qué lo notarías; cómo sabrías que sucedió y lograste lo que esperabas?

María: Que recuperaría la confianza en mis decisiones; que ya no tendría tanto miedo de vivir y de decirle a Juan lo que necesito de él. Que dejaría de sentirme culpable por todo.
Juan: Que volvería a disfrutar de mi relación con María. Podría decir lo que siento aunque no le guste a María. También dejaría de sentirme culpable de todo.

Terapeuta (MCB): ¿Tal vez, quieren recuperar la confianza en la relación y en lo que decida cada uno; afrontar sus miedos y culpas, atravesarlos, vencerlos; poner palabras en la relación; tener una voz propia en la relación y hacer que se escuche y respete. ¿Algo así? ¿Entendí bien; esto es lo que quisieran lograr en este proceso?

María y Juan: Sí. Es esto.

Terapeuta (DTF): Bueno, confiamos en acompañarlos a reflexionar distinto, a construir juntos otros significados en su relación, en este proceso. ¿Tal vez, quieren regresar la siguiente semana, quieren continuar y comprometerse con su proceso de terapia?
María y Juan: Sí.

Antes de describir lo que con frecuencia podría suceder desde la segunda sesión en adelante, debemos comentar que la respuesta positiva que tuvo la primera parte, con peticiones de desarrollar el tema, ampliarlo y reflexionar más sobre esto nos compromete en darle continuidad (será una serie de tres partes) y compartir otras ideas y posibles maneras de sostener una práctica terapéutica capaz de hacer, aquello que Harlene Anderson (ver: Harlene, conversaciones interrumpidas. Harlene Anderson. Rocío Chaveste y ML Papusa Molina, compiladoras. 2019 Taos Institute Publications/WorldShare Books), plantea:

…mi cambio en pensar y hablar sobre la postura filosófica. Por años dije que es una forma de ser. Ahora me doy cuenta de que no es eso, son formas de ser y de llegar a ser. Este cambio gramatical aparentemente sutil atrae la atención a una noción de ser estático versus uno fluido. Nunca hay una manera de ser, existir y responder con otra. Nuestro ser está influenciado por tantas cosas y es único para cada encuentro. El ser debe ser plural. También agregué llegar a ser para significar aún más la naturaleza dinámica del ser. Siempre estamos en el camino de llegar a ser con el otro y con nosotros mismos…una forma especial de estar presentes, sintonizados y receptivos…”. (pág. 2)

Aprender a ser terapeuta es aprender a participar de la mejor manera posible en un proceso de expansión y creación de significados. La terapia para ser eficaz debe continuamente recrearse dentro del contexto de interacción. El terapeuta aborda cada consulta como una situación única, esto incluye lo que el consultante presenta y el posible resultado de la terapia. Desde esta postura, el terapeuta no provoca un cambio en el consultante, sino que ambos se van transformando a través de su interacción. A través de un diálogo transformador (eso es la terapia); comprendiendo que todo se mueve y viaja en el lenguaje, todo se construye y conecta con el lenguaje; el lenguaje nos hace devenir y ser preguntas, posibilidades, futuro.

Comenzamos la segunda sesión de terapia (y cada nueva sesión), preguntándoles: Terapeuta (MCB): ¿Cómo te sientes hoy, este momento, aquí? ¿Qué has pensado de distinto en esta semana, en relación a nuestra conversación anterior?

María: Que si me siento culpable no es porque haya algo malo en mí; tiene que ver con cómo nos tratamos Juan y yo; y que los miedos aumentan si no los enfrentamos.

Terapeuta (MCB): ¿Qué hiciste de diferente en estos días y que te gustaría contarnos? ¿De qué te gustaría hablar hoy?

Juan: Yo he pensado justo en mis responsabilidades, como ustedes nos dijeron, en lo no dicho entre nosotros. Sé que si quiero mejorar, sentirme mejor, debo hablar. Quiero que podamos comenzar a decirnos lo que cada uno necesita como pareja.

Terapeuta (DTF): ¿Qué cosas nuevas nota acerca de las relaciones entre ustedes y que antes no había visto?

Juan: Cuando María quería pelear conmigo, antes de reaccionar, como sabía hacer siempre, me dije: respira, tranquilo, escucha y no grites, no te escapes. Y, ella se tranquilizó y pudimos hablar.

Terapeuta (DTF): ¿Cómo logró hacer esto y cómo se sintió al lograrlo? ¿Qué significó para usted este logro suyo? 

Juan: Pensando antes de reaccionar. Me sentí en paz, sin miedo. Bien.

Terapeuta (DTF): María, qué piensa de lo que dice Juan. ¿Cuál es su percepción de esto que Juan describe?

María: Si, es cierto. Yo lo provoqué y como él no reaccionó como esperaba, eso me tranquilizó a mí. Después pudimos hablar con más calma. Aunque me he sentido muy triste.

Terapeuta (MCB): Si entendí bien (aunque estemos dos terapeutas, asumimos la responsabilidad de hablar en primera persona, con cada reflexión que realizamos) tú dices que te sientes triste: ¿Es así, entendí bien?

María; Sí; y no entiendo por qué.

Terapeuta (DTF: ¿Nos podría explicar: qué significa esa tristeza, cómo se manifiesta, qué le hace o le impide hacer esa tristeza? Ahora que ve esa tristeza de manera diferente: ¿Qué diría esta tristeza, que nos diría de usted, de las relaciones entre ustedes y de su vida actual?

Y, así, muchas interrogantes. Como ya lo mencionamos: la pregunta que hacemos se conecta con lo último que acaba de ser dicho por los consultantes. No tenemos una batería preparada de preguntas ni protocolos estandarizados a seguir. Son preguntas que genera la propia relación conversacional. Nos importa proponer preguntas que interpelan los nudos relacionales que oprimen a las personas y sus contextos; preguntas que se arriesgan (con respeto) a incomodar lo establecido.

La terapia, desde este paradigma, es un diálogo transformador...es la génesis intencional de significados y narrativas que puedan transformar la construcción de la experiencia de los consultantes mediante un diálogo colaborativo.” (Kenneth Gergen, 2011, pág. 75)        Especifica Gergen: “La habilidad del terapeuta radica más bien en saber cómo y no en saber qué..., en su fluidez dentro de la relación, en su capacidad de colaborar en la creación de futuros nuevos”.

PREGUNTAS Y CUESTIONES SIGNIFICATIVAS PARA LA TERAPIA CONSTRUCCIONISTA SOCIAL
¿Cómo conocer y encontrarse con una persona de la manera en que soy extranjero en su vida, y viceversa, y, que juntos, temporalmente puedan crear una manera de transformarse juntos?
La necesidad de tener tiempo para encontrar nuestras propias palabras: la necesidad de tener tiempo para que el otro encuentre sus propias palabras.
Encontrar la forma de estar con el otro, que invita a transformarse con el otro.
El reto es escuchar lo que los otros dicen, y valorar sus perspectivas, y hacer preguntas que vayan modificando el significado.
¿Cómo se crea una confianza genuina, no como objetivo estratégico, sino como condición de un vínculo relacional?
Abrirse a la oportunidad de no mantenerse igual; llevarme la posibilidad de convertirme en alguien distinto.
Dialogar con la pregunta, desde la complejidad; comprender que vivir significa también, aprender a vivir en la incertidumbre.
Reflexividad; creación de un espacio dialógico, donde se puede dar y recibir un NO, sin miedo de dañar la relación, sino, al contrario, como aquello que permite mejorar la relación.
Preferir quedarse con una visión amplia, con una conversación abierta.
Tener cuidado en lo que se está articulando como teoría, porque pueden pensar a la persona desde ese lugar.
Se convocan y movilizan un conjunto de recursos, de voces, con sus recursos; luego llega la incertidumbre, y no sabemos de dónde llegará el recurso necesario. Lo que es posible, en la medida, que nos movemos.

Es una terapia cuya herramienta principal son las preguntas, preguntas ni retóricas ni pedagógicas; son interrogantes, que abren posibilidades creativas, que expanden las posibilidades de interrelacionamientos responsables; con la consciencia de que las consecuencias de nuestras palabras y de nuestros actos, afectan a los demás. En palabras de David Epston: “Cada vez que hacemos una pregunta, estamos generando una versión posible de una vida”. Es una colaboración conjunta entre terapeuta y consultantes, para discernir con criterio, los múltiples cómo, que permitan atravesar los dilemas presentes; y, construir, como autores de su propia historia, una nueva vida relacional, basada en el respeto mutuo, el buen trato, la aceptación de las diferencias. Son preguntas que hacen sentir al consultante la sensación de ser invitado a una conversación, de pertenecer.

Cada encuentro terapéutico, nos cuestiona de formas distintas.  Es una conversación sobre aquello que importa a los consultantes, en el que intentamos ser la persona que nos gusta ser, y al mismo tiempo, ser capaz de ofrecer las condiciones, de cocrear el contexto relacional, para que los consultantes sean quienes les gustaría ser.  En un diálogo colaborativo que no teme enfrentar las complejas contradicciones de la condición humana, desde una mirada y una escucha que privilegia la responsividad, la responsabilidad, la continua y honesta interrogación sobre otros sentidos y significados, para contribuir a nuevos estilos de vida.

Tom Andersen dice: “Quiero hablar con la gente como no se han hablado a sí mismos o entre sí... No hablamos a los consultantes o para los consultantes; hablamos con los consultantes y hacemos cosas con los consultantes... ¿Cómo quiero ser con otros? Y ¿Cómo quiero que sean ellos conmigo? Hablar de modo diferente supone, entre otras cosas, escuchar de modo diferente. Quiero comprender y quiero ofrecer comprensión.”

Menos relatos sobre lo que pasó y más comprensión encarnada. Menos atención a lo que cuentan que sucedió antes, y más atentos a lo que se está viviendo con la gente aquí y ahora, con y sin palabras. La terapia es también confrontar a favor del proceso del consultante; “perturbar” (introducir diferencias significativas que movilicen otras reflexiones, y los recursos del consultante), perturbar el sistema relacional -si es cruel e injusto-. El perturbar es introducir complejidad e incertidumbre, cuestionar lo establecido, ampliar la cosmovisión, generar alternativas responsables, con creatividad. Es importante desafiar la incongruencia de los consultantes: permitirles hacer consciencia de la diferencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Que se recupere el valor de las propias palabras, que se recupere la responsabilidad de los actos y sus consecuencias en los demás.

Al cierre de las sesiones, nos preguntamos cada vez uno al otro: ¿qué aprendí de importante para mí, de esta persona y sus fortalezas, de este contexto y cultura relacional? Hay que decir, que además de un buen café, una vez terminada la conversación y reflexionando sobre el proceso de coterapia, lo que nos gusta es compartir y disfrutar también, un chocolate ecuatoriano (dark); así la experiencia y el diálogo conversacional reflexivo, saben mejor.

viernes, 22 de febrero de 2019


Inicio, desarrollo y cierre de procesos terapéuticos (primera parte)

Consorcio Relacional y Socioconstruccionista del Ecuador (IRYSE)

Diego Tapia Figueroa Ph.D.  y
 Maritza Crespo Balderrama MSc.(febrero, 2019)

Todo lo que hago, lo hago con alegría.” Michel de Montaigne (trad. en 2007, p.588)

En nuestra práctica terepéutica cotidiana, solemos preguntarnos sobre ¿Cómo poner el ser del terapeuta (o de la persona que brinda la atención) al servicio del proceso de reflexión significativa y transformación responsable del consultante? Trabajamos desde una postura socioconstruccionista (y, en ese contexto, esta secuencia es una invitación a reflexionar con nuestros lectores y confiamos en que lo que aporte, sea útil y sirva, lo tomarán con libertad; no es un paso a paso ni un recetario a seguir; es una invitación de un camino posible, como pueden existir otros) cuando lo hacemos desde:

  1. La curiosidad -para comprender y conectarse-;
  2. El respeto que dignifica y legitima;
  3. Aceptación (respeto de su ser);
  4. Confianza en las relaciones, en el diálogo, en el proceso conversacional;
  5. El diálogo reflexivo con preguntas significativas;
  6. La escucha profunda y la comprensión;
  7. Una sensibilidad fina y una conexión relacional;
  8. Reconocer y legitimar las diferencias;
  9. Dejar la posición del experto, la jerarquía, el deber ser
  10. Creatividad;
  11. Buen humor;
  12. Reconocemos la importancia de invitar y ofrecer el espacio para la expresión de múltiples voces y para preguntarnos cómo podemos promover la participación de otras voces, de todas las voces presentes

En la consulta, recibimos con estas palabras a las personas: “Bienvenido/a/os”. Solemos preguntar: ¿Qué es lo más importante o significativo que usted considera que deberíamos saber acerca de cómo es usted, de su historia, para comprender el tipo de persona que es y que tal vez los demás no lo han notado o se pierden por no prestarle suficiente atención? Otras posibles preguntas: ¿De qué le gustaría conversar? ¿Cómo ve usted la situación?; o también: ¿Cómo les gustaría a ustedes utilizar esta reunión?  A las respuestas dadas a lo largo del diálogo de 50 minutos, decimos: ¿Qué significa para usted? ¿Qué parte de responsabilidad tiene usted?

Como explica Harlene Anderson (1997), el consultante es el experto en lo que dice con respecto al contenido: él es el que sabe de sus experiencias de vida y de las razones que lo traen a la terapia. El terapeuta, con todo esto, es el especialista en el proceso: su experticia consiste en crear un contexto dialógico, comprometiéndose con el consultante en una conversación en primera persona…Un terapeuta se constituye en un recurso para una manera de ser.

Durante las sesiones de terapia, mientras habla alguna de las personas presentes o mientras les preguntamos algo o hacemos alguna reflexión que acompañe lo último que acaban de decir, podemos preguntar a los consultantes, por ejemplo: ¿Qué diálogos internos estaban teniendo este momento mientras escuchaban a la otra persona o mientras nos escuchaban a nosotros? También: ¿Qué quieren hacer con su dolor? Y: ¿Qué se imaginan que podrían decir y hacer de distinto, a partir de ahora, para construir el tipo de relaciones y de estilo de vida que les gustaría tener? Escuchamos conectados, comprometidos con el proceso dialógico; preguntamos, no para sacar informaciones de contenido sino para comprender las conexiones relacionales, los procesos. Una vez que hacemos una pregunta, nos callamos, escuchamos en silencio, no interrumpimos; no damos consejos, no juzgamos ni criticamos. Respetamos el ritmo y tiempo de los consultantes y del coterapeuta.

Sheila McNamee (2017), hablando de la presencia radical, nos invita a pensar desde un nuevo lugar estos asuntos. Existen múltiples sistemas de valores. La idea de ser reflexivos es plantearnos preguntas. Se trata de ser curioso, respetuoso, abierto. No es el objetivo, es el medio; la consecuencia de la presencia radical. No se trata de tener que llegar a un acuerdo, lo importante es llegar a entender la perspectiva del otro. No entender al otro, sino llegar a entender lo que es importante para el otro. El entender no es cognitivo, sino que está del lado del sentir con.

¿Cómo dejar de ver individuos y enfocar procesos relacionales? ¿Cómo nos despegamos de la rigidez? ¿Cómo vemos la complejidad en lugar de seguir buscando uniformidad? ¿Podemos dejar el deseo de uniformidad y buscar la vulnerabilidad que sucede en los procesos relacionales?

Comprendemos la importancia de:
  • No patologizar ni etiquetar ni asumir un rol de experto y de omnipotencia.  
  • Procurar trabajar en Equipo.
  • Buscar permanentemente hacer coterapia.
  • Prevenir las revictimizaciones; concienciar sobre este riesgo.
  • Saber remitir responsablemente, a las Instituciones y profesionales más adecuados a cada contexto y necesidad.
  • Procurar movilizar Redes de Apoyo familiares, sociales, institucionales.
  • Pensar que cada sesión puede ser la última: entonces hay que ver si se garantiza, por ejemplo, la comprensión, el respeto, la creación de un vínculo y de un contexto -una atmósfera- de confianza y seguridad, etc.; y si se colaboró a encontrar los recursos del propio consultante; así como si se le facilitaron las informaciones adecuadas a sus necesidades y urgencias, tanto en cuanto a sus derechos humanos, legales, de salud, de protección, etc., etc.


No es necesario -ni tampoco posible- que el terapeuta sea un dechado de integración y plenitud en todos los aspectos de su vida. Es suficiente con que sea exactamente él mismo en esta hora de su relación, basta con que en este sentido fundamental sea lo que es verdaderamente en este momento. Insistimos en la importancia de la gentileza en el diálogo terapéutico: 1) Preguntar con gentileza.  2) Escuchar con gentileza.  3) Hablar con gentileza.  4) Responder con gentileza. 5) Tratar a las personas con gentileza.

Tenemos responsabilidad de aquello en cuya construcción participamos. Que las personas se sientan comprendidas, apoyadas, aceptadas y escuchadas. Nos preguntamos desde esta ética relacional: ¿Podríamos hacer en conjunto algo más, una diferencia significativa que contribuya a crear una conexión profunda, un nuevo significado a la propia vida? ¿Cómo contribuir con nuestras preguntas a desanudar los nudos relacionales, que oprimen la vida de las personas?

En coterapia los consultantes experimentan un aprendizaje conjunto con los dos terapeutas que estamos presentes. Descubren que, como seres humanos y profesionales, con frecuencia tenemos diferentes perspectivas, percepciones, reflexiones y sentimientos. Que encarnamos una diferencia que nos significa un desafío y un enriquecimiento práctico; que es posible decir, actuar y ser distintos sin que sea una amenaza, un ataque personal, una descalificación, lucha de poder o guerra. Que esta diferencia nos aporta recursos nuevos y es aceptada y bienvenida.

El trabajo como coterapeutas nos brinda una gran libertad para interactuar relacionalmente, nos hace sentir comprometidos, a través del diálogo, a favor del proceso de transformación de los consultantes (y nuestro). Vamos articulando una complementariedad, que significa, abrir y generar reflexiones, construir en conjunto significados, alternativas y posibilidades, en este ser y estar con: con uno mismo, con el colega, con los consultantes; en un proceso relacional-dialógico que nos transforma a todos los participantes, cada vez, como si fuese la primera vez; desde el asombro, la curiosidad, la imaginación y la creatividad.

Al concluir la sesión de terapia, podemos preguntar algo de esto, a los consultantes: ¿Hay algún tema que les gustaría tratar o profundizar la próxima vez? ¿Existe algún asunto que sienten que es necesario enfrentar de manera distinta? ¿Hay algún tema que no logramos comprender como les habría gustado? ¿Cómo sabrán, en qué notarán, que lograron lo que necesitaban con este proceso? ¿Qué se llevan de significativo de esta sesión? ¿Con qué sienten que se van de nuevo, en comprensión de sus responsabilidades, alternativas, posibilidades, futuros? ¿Qué aprendieron de diferente de ustedes, diciendo y escuchándose, de sus recursos, fortalezas, capacidades?

Una vez que los consultantes se van (la sesión dura 50 minutos y respetamos este límite), durante 10 minutos abrimos un diálogo entre nosotros dos, respondiéndonos reflexivamente a estas preguntas y facilitándonos esta retroalimentación:

¿Qué notaste de distinto en la descripción de estas relaciones y contextos? ¿Qué aprendiste de ti en esta sesión? ¿Las tres cosas que aprendí de ti en esta sesión, fueron…? ¿Qué te habría gustado decir o hacer de distinto? ¿Qué te imaginas que podría pasar con estas personas y sus relaciones? ¿En qué te tocó esta historia, con qué asuntos te conectaste en esta sesión?

Con frecuencia nos acompaña un buen café.

viernes, 8 de febrero de 2019


Diálogos terapéuticos, conversaciones reflexivas y significativas

Consorcio Relacional y Socioconstruccionista del Ecuador (IRYSE)

Diego Tapia Figueroa  Ph.D. y
 Maritza Crespo Balderrama MSc.(febrero, 2019)

Todo lo que hago, lo hago con alegría.” Michel de Montaigne (trad. en 2007, p.588)

En varios encuentros con colegas de otras corrientes terapéuticas, así como en procesos de capacitación que venimos desarrollando, nos suelen preguntar (en ocasiones increpar), cuál sería la diferencia entre el tipo de conversaciones reflexivas que proponemos desde esta postura filosófica y las conversaciones comunes y cotidianas que todos tenemos en nuestra vida; les intriga (imaginamos) la diferencia que lleva a que las conversaciones sean terapéuticas y no a una especie de “conversación banal y dispersa, de autoayuda superficial, una tontería”, como un diálogo insulso de sobremesa, o algo así.

Pensamos que experimentar esta ansiedad profesional, es ubicarse en la perspectiva modernista, que considera que existe un saber experto, jerárquicamente superior, que no se puede ni se debe contaminar con la “ignorancia del sentido común de las personas”, o con su experticia en sus propias vidas.  En contraste, de muchos consultantes hemos aprendido que han sostenido conversaciones de una profundidad y consistencia terapéuticas admirables, con sus amigos y colegas y con sus redes de apoyo, mucho más útiles, prácticas, significativas y transformadoras, que con numerosos psicólogos, psiquiatras, terapeutas, trabajadores sociales, etcétera.

En las perspectivas tradicionales, se ubican de un lado los “salvadores profesionales” y los que deben enseñar a vivir a los otros, los soldados disciplinados y objetivos del control social, la normalización y legitimación del statu quo. Del otro, los pacientes a diagnosticar, los disfuncionales, los etiquetables y necesitados de píldoras y guías consolatorias para sus vidas locas, rotas, enfermas, rebeldes.

Desde la perspectiva posmoderna, que los únicos expertos en sus vidas son los propios consultantes; los terapeutas, no son especialistas en la vida de las demás personas -aunque desde su supuesta omnipotencia (y marketing) lo pretendan y existan ingenuos que les den crédito-. Nuestra experticia, reiteramos, está en la construcción de una relación de confianza y seguridad, de una conexión, un vínculo con los consultantes; en la creación de un espacio y un contexto reflexivos y significativos de apertura, aceptación, confianza, curiosidad y respeto, orientados por una escucha profunda, una comprensión genuina, para la libre expresión de las múltiples voces presentes en la conversación.

Desde el construccionismo social nos interesa la deconstrucción de las versiones que tienden a generalizar y que responden a una versión modernista de los supuestos y presupuestos sobre la verdad, lo científico y lo racional. Liberándonos de la metafísica modernista, reconocemos la ausencia de verdades únicas válidas para todos, todo el tiempo y en todas las culturas-, de dogmas a seguir o de esencias inalterables; con un pensamiento crítico y reflexivo nos abrimos a la diferencia y a las posibilidades.

Estamos comprometidos, en los procesos de coterapia que realizamos, a pasar de una posición modernista de saber “qué” a una posición construccionista del saber “cómo” en un movimiento reflexivo. A través del diálogo, los terapeutas entablan una relación con los consultantes que promueve una actitud de curiosidad sobre las diferencias.  Nos preguntamos ¿cómo dialogar, entre todos, para volverse relacionalmente responsables de las ideas generadas en conjunto? 

Es el diálogo lo que permite contextualizar el significado del comprender e invita a reflexionar. ¿Cómo traer nuestros recursos a este diálogo que tiene un propósito transformador?  Seguir juntos, en un discurso respetuoso con la alteridad, la diversidad y la multiplicidad, la polisemia; un discurso que se compromete con el otro como forma de compartir lo significativo, desde una curiosidad y apertura que inicie conversaciones en lugar de restringirlas, que incluya todas las voces en nuevas conversaciones transformadoras. La conversación colaborativa requiere compartir, confiar y participar activamente para crear un significado.

El diálogo tiene una dimensión pragmática, es acción en el mundo. Y es con el diálogo que podemos desarrollar una reflexividad crítica.  Diálogo que abre el mundo al darle sentido. Los procesos de terapia, desde esta perspectiva, son una invitación a la libertad compartida, en la que la "verdad" se disuelve, y lo importante es el diálogo distinto sobre lo que podemos construir juntos.  El lenguaje produce nuevas acciones, relaciones y posibilidades (invita a otras relaciones) y nos hace ser en cada conversación con los otros.  Por ello, el foco está en las consecuencias relacionales, manteniendo una visión compleja, que abre un espacio nuevo para las múltiples voces presentes.  Y esto se hace con el diálogo que es una manera colaborativa de construir sentido.

Preguntarnos continuamente: ¿qué es lo que importa; qué es lo valioso? Desde un pragmatismo reflexivo. Interrogarnos: ¿Qué es lo que queremos crear y que importe a los demás, que tenga valor para los otros? Para ello aporta además, la ética relacional: en lugar de encerrar y limitar aquello que estamos haciendo, abrimos las posibilidades de todo aquello que puede hacerse y que de manera conjunta podemos construir. Porque la posición desde la que elegimos relacionarnos está comprometida con contribuir a cuidar la dignidad y la integridad en todas nuestras relaciones. Cuando abrimos un espacio para la expresión de las múltiples voces, lo importante es entender cómo esta diversidad se expresa, no solo para conocerla y respetarla, sino para transformarnos a la vez que esas voces, al expresarse y generar acciones prácticas, se legitiman porque inciden en sus contextos y deciden los futuros de los mismos.  Es confiar en los recursos de las personas, en sus fortalezas, habilidades y capacidades; confiar en los procesos y confiar en las relaciones y su potencial constructivo y transformador.